sábado, 22 de julio de 2017

Cine y Relaciones Laborales: "Yo, Daniel Blake" y "El Patrón"



No soy un crítico cinematográfico, con lo cual los lectores de este blog perdonarán el nivel de la exposición y los conceptos no siempre afinados que puedan aparecer en la nota.
            Mi nueva función de “crítico de cine” ha sido estimulada por dos películas muy distintas, que vi en la última semana, y que muestran aspectos dolorosos del trabajo y la seguridad social. Son películas diferentes en escenarios diferentes: la primera se desarrolla en la Inglaterra del primer mundo, la segunda en la Argentina barrial y corrupta, donde los débiles ensayan estrategias de la pobreza para sobrevivir. Las dos películas están unidad por una idea común: la vulnerabilidad del ser humano y su necesidad de conseguir a cualquier precio un trabajo o una prestación de seguridad social, para sobrevivir.


            La primera película se titula “Yo, Daniel Blake” y habla de la historia de un trabajador que por primera vez en su vida está afectado por severos problemas cardiacos, Daniel Blake, carpintero inglés de 59 años, viudo, se ve obligado a acudir a la asistencia social. Sin embargo, a pesar de que el médico le ha prohibido trabajar, la administración le obliga a buscar un empleo si no desea recibir una sanción. En la oficina de empleo, Daniel se cruza con Katie, una madre soltera con dos niños. Prisioneros de la maraña administrativa actual de Gran Bretaña, Daniel y Katie intentarán ayudarse mutuamente. (FILMAFFINITY). La película se centra en la barrera burocrática que muchas veces la seguridad social opone a sus posibles beneficiarios. El sistema se muestra a través de funcionarios asépticos, pero implacables; computadoras que definen nuestros destinos (aunque Daniel Blake no sepa como escribir en una computadora); la rigidez de oficinistas, que no ven más allá de lo que indican los datos estadísticos y las consideraciones formales. La película está dirigida por el afamado Ken Loach (el mismo de “En mundo libre”, donde explora la flexibilidad de la globalización en Gran Bretaña) y actuada por un extraordinario Dave Johns. Dato no menor es que la película ganó la Palma de Oro en el Festival de Cannes 2016.
 La segunda película nos traslada a un mundo totalmente distinto: subdesarrollado, pobre, sucio, corrupto. “El Patrón: radiografía de un crimen” – que encontrarán en Netflix – relata la historia de un hecho criminal, protagonizado por un hombre de Santiago del Estero, que llega a Buenos Aires en busca de trabajo y termina explotado por un siniestro patrón que lo obliga a vender carne podrida y que lo somete a una verdadera esclavitud, en el corazón de la Ciudad de Buenos Aires y en el siglo XXI. (FILMAFFINITY). Es una película sobre la explotación laboral llevada al límite, el trabajo forzoso de los desesperados que emigran desde la miseria de su región, la corrupción que domina las relaciones laborales del vecino país. El trabajador (que técnicamente es independiente, aunque sometido al poder de la persona a la que reconoce como “patríon), es interpretado magistralmente por Joaquín Furriel. Es poco más que analfabeta y cuando la policía le pregunta por qué cometió el crimen, contesta: “El patrón se burlaba de mi; en mi pueblo es diferente: el patrón de la estancia te hace trabajar todo el día, pero no se burla de sus peones, los respeta y los defiende”: la extraña visión del “patrón bueno” y del “patrón malo” de un desesperado.

            En fin, vale la pena ver estas películas, que en definitiva son expresiones de la vulnerabilidad que es la contracara de un siglo con grandes avances tecnológicos, y con notables retrocesos humanos.

1 comentario:

  1. Dr. Raso siempre resulta suamamente interesante su visiòn y seguro que las dos pelìculas las podrè ver Gracias

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