sábado, 16 de enero de 2021

UNA MUTACION IRREVERSIBLE: DEL TRABAJO AL TELETRABAJO (1)

Ya he opinado sobre el tema en este blog, expresando las posibilidades que ofrece el teletrabajo para la economía familiar y, por ende, la economía de países que deben enfrentar las dificultades que provoca la situación sanitaria actual. También hablé de mis preocupaciones sobre los efectos del teletrabajo en la calidad del empleo y en la salud psicofísica del trabajador. 

Hoy quiero apuntar mis preocupaciones hacia un aspecto inevitable, que debemos a nivel social y universitario enfrentar: la mutación del trabajo presencial al trabajo realizado en forma remota: ¡un hecho irreversible! 

La pandemía del COVID 19 está instalada en las relaciones laborales: nacen nuevos trabajos, se pierden otros, y desde los gobiernos y los “pope” de la salud y de la economía se reclama el deslizamiento de toda actividad productiva desde el trabajo físico al trabajo a distancia, muchas veces llamado “homework” (trabajo desde el propio domicilio). Ello es para reducir toda posibilidad de contagio. Pero, a su vez, la actual emergencia ha sido campo propicio para profundizar la dimensión virtual de muchas actividades: desde la medicina al comercio, desde las actividades financieras a... los pedidos de pizza “on line”.

Un antiguo estudiante me ha recordado en estos días una frase que dije en el año 1994 en el marco solemne del Paraninfo: “No debemos olvidarnos que en las relaciones laborales muchas veces los hechos se abren las puertas a las patadas”. Mi afirmación juvenil fue algo desmedida, pero hoy - con mayor moderación verbal y más años - sigo pensando lo mismo: la realidad logra a la larga siempre imponerse en las relaciones laborales. El desafío no es luchar contra la realidad, sino buscar adecuadas fórmulas para regularla. 

Es en esta línea que entendemos que el teletrabajo se está imponiendo inexorablemente en la realidad cotidiana, porque en definitiva constituye para todos nosotros un instrumento importante de sobrevivencia. Ni aun los más radicales críticos del trabajo a distancia pueden negar que - hoy - saber teletrabajar es mejor que no saber hacerlo.

Y - más allá de lo bueno y lo malo del teletrabajo (... o las luces y las sombras del mismo, como titulamos un anterior post) el teletrabajo ha ingresado masivamente y en forma abrupta en las relaciones laborales de esta nueva era.

Se deberá seguir reflexionando sobre los diversos aspectos (positivos y negativos) del trabajo a distancia, pero entiendo que ante la realidad mutante es de buena práctica aprender a teletrabajar y de la mejor manera posible. Debemos dejar de ser aprendices de teletrabajadores - como ha acontecido en el 2020 - para formarnos como verdaderos profesionales del teletrabajo. Por ejemplo, en mi campo - la docencia - tener habilidades para enseñar por zoom puede ser valorado más que los propios conocimientos transmitidos.

Porque en el teletrabajo, de eso se trata: como hacer llegar de la mejor forma posible nuestro mensaje en forma virtual al destinatario del mismo. Y ello vale para un docente, un funcionario público o el empleado de un e-commerce.

Si alguien me preguntara cuales son las dos más importante calidades de un teletrabajador - además por supuesto de sus skills - diría que son la empatía y la claridad. De algún modo el teletrabajador debe aprender a seducir - en sentido bueno - a su interlocutor; debe demostrarle que la distancia no es tal y para ello el mensaje debe ser empático y claro, para generar confianza en el interlocutor. Un ejemplo bien claro es el del médico: en su consulta presencial la actitud del profesial importa, pero no es lo más importante, porque en esa situación importan mucho los conocimientos. En una teleconsulta, el médico deberá en primer lugar sortear el factor distancia, para que el paciente afloje su desconfianza y logre “conectarse” emocionalmente con quien es en definitiva solo una imagen y una voz.

El teletrabajo obliga inevitablemente a un “up-grade” en nuestra competencias laborales, cualquiera sea el rol que cumplimos en una organización. Debemos aprender a teletrabajar mejor, pero también las empresas deberán aprender a gerenciar mejor el teletrabajo. Exigencias empresariales y personales se cruzan en esta nueva modalidad de trabajo, desconocida para la mayoría de nosotros hace tan solo un año.

Es evidente que el gran desafío del momento es el de la formación: determinar las estrategias de formación de los teletrabajadores será uno de los factores de éxito de todo proyecto educativo dirigido a la ejecución y organización del trabajo.

Las preguntas se impone: en una época en que se desvía cada vez más la actividad laboral tradicional hacia el teletrabajo y donde legisladores y actores sociales debaten sobre los aspectos jurídicos del mismo, ¿cuál es el rol que las empresas, los sindicatos, el Estado y las Universidades otorgan a la formación en teletrabajo? ¿Cuáles son las nuevas competencias requeridas para desarrollar una exitosa actividad laboral a distancia? ¿Qué enfoque e importancia deberán asignar los actores sociales a la negociación colectiva, allí donde son necesarias las apuestas al teletrabajo? ¿Como en definitiva deberemos desde las relaciones laborales gobernar este cambio, que marca una nueva vuelta de tuerca en las transformaciones del trabajo?  

Sobre estas cuestiones y otras afines pretendemos extender la reflexión en próximos post.

 



miércoles, 23 de diciembre de 2020

El derecho de los estudiantes “a la conexión”

He logrado llenar la planilla electrónica con las notas del examen: una hazaña, pero lo he logrado.

Queda el sabor amargo de ese mismo examen, porque los estudiantes que se presentaron en mi mesa en su mayoría estaban “desconectados” de los principales temas de la materia. Con un colega que siempre me acompaña - excelente docente - habíamos preparado preguntas amplias, diría casi generosas. Pero es evidente que este año se fracturaron las naturales conexiones que siempre existieron entre alumnos y docentes.

¡Cuán fácil es darle la culpa a los estudiantes y atribuir a ellos la responsabilidad de los magros resultados de los exámenes! No me alineo a esas críticas: cuando los estudiantes que pierden son pocos, la responsabilidad es de los estudiantes; pero cuando son muchos, la responsabilidad es de los docentes y de la propia Institución que tiene como deber y función transmitir los conocimientos. Si no logramos transmitir los conocimientos, no logramos cumplir la función de nuestra Facultad

Ante resultados - que por lo menos en la disciplina laboral (ya sea en el derecho que en las relaciones laborales) - han sido magros, se abre un proceso de autocrítica de la Institución y de nosotros los docentes, para reconstruir la “conexión” con los estudiantes. 

En épocas donde se teoriza mucho sobre el “derecho a la desconexión”, invoco el derecho de los estudiantes “a la conexión”, un derecho que debe satisfacerse a través de nuevas modalidades de contacto y nuevos espacios de comunicación (como por ejemplo, clases on-line o off-line de tutoría para los exámenes, nuevas metodologías de evaluación, entregar materiales adecuados para los exámenes, establecer enfoque que prioricen la conexión emocional con el estudiante a través de la retroalimentación de sus inquietudes, etc.).

Debemos buscar caminos institucionales y académicos para no limitar la docencia a un reenvío a las entradas de EVA, como si eso lo resolviera todo, y nos liberara de la desagradable responsabilidad de ser parte del proceso del conocimiento del conocimiento que lleva a los resultados de los exámenes.

Debemos establecer protocolos claros que permitan a los estudiantes conocer de antemano - con suficiente antelación - como serán las condiciones de los exámenes y que se requerirá al momento de evaluar sus conocimientos. 

Debemos evitar que la conformación de las mesas de exámenes, los estilos de su desarrollo,  el número de evaluadores, etc. quede en mano del esfuerzo y creatividad individual de cada docente, sin un plan previo, homogéneo y coordinado desde la Institución. 

Debemos finalmente - nosotros los docentes - formarnos y re-formarnos para continuar a transmitir conocimientos en esta época compleja, en el entendido que esa formación y re-formación debe ser necesariamente gestionada desde la Institución.

Queremos en definitiva una Facultad que también en la emergencia se alinee a exigencias de excelencia docente, que nunca se definieron a lo largo de este año, y se aparte del modelo decimonónico de  enseñanza, al cual seguimos atados en tiempos de zoom.

Finalmente, mi saludo en época de festividades a los estudiantes: ¡a no decaer, a enfrentar los desafíos, a construir conocimientos con los docentes, porque ustedes - como dijo Violeta Parra - siguen siendo “la levadura del pan que saldrá del horno con toda su sabrosura”!


 

martes, 8 de diciembre de 2020

El ciudadano Kane: los hechos, la verdad y el poder

La pandemia nos ha alejado de los cines, pero no de las buenas películas. En el fin de semana disfrute “Mank”, la película que en este año tan especial produjo Netflix con la dirección de David Fincher y que cuenta la historia del   Herman Mankiewicz, guionista de “El Ciudadano Kane”, la obra maestra de Orson Welles, dirigida y estrenada en 1941. 

Como expresaba esta mañana en el programa En Perspectiva el crítico cinematográfico Eduardo Alvariza lo que sorprende en primer lugar de “Mank” es la perdurable belleza del “blanco y negro”, usado en el rodaje de  la película. La técnica del color increíblemente jamás será capaz de expresar los matices y las tonalidades del blanco y negro, como precisamente lo confirma la película de Fincher.

Pero no voy a hablar de la película, porque los críticos de radio y periódicos los  harán obviamente mejor que yo. Lo que la película - hermosa en sí - inevitablemente ocasiona es el reenvío a ese modelo del mejor cine que fue “El Ciudadano Kane”, que aún hoy nos motiva a pensar sobre el periodismo, el poder y la verdad. En efecto - y más allá de la historia que Mankiewicz y Welles escribieron inspirándose en William Randolph Hearst - el mensaje sigue siendo muy potente en épocas donde el poder de la prensa y de las hegemonías mundiales mezclan las fake news y los escarnios públicos, con las verdades a media.. 

El Ciudadano Kane es una película que habla sobre los relatos del poder, que  tiene siempre como objetivo confundir los hechos y las verdades. Como me gusta expresar a mis estudiantes, “ahí están los hechos”, y agrego que sobre esos hechos las verdades pueden ser distintas, no existe una única verdad. “La verdad” no es otra cosa que la perspectiva y las ideas que interpretan los hechos, que sí son únicos.

Ante un mismo hecho, seguramente la percepción de la “verdad” será distinta en cada uno de nosotros. No existe la verdad; lo que existe es el hecho. Y a partir de ese hecho nacen las “verdades” correspondientes a las interpretaciones que hagamos del “hecho”: nuestra orientación política, nuestras ideas sociales, el humanismo que podamos albergar o no en nuestra sensibilidad, definirán  “nuestra” verdad, diferente de la verdad del “otro”. 

La única “verdad verdadera” (me divierte expresarlo así) es un puzzle armado a partir de todas las verdades: la mía, la tuya y la de los otros. Ese puzzle precisamente reconoce la validez de las interpretaciones de cada uno de nosotros ante un mismo hecho. Allí radica la belleza de la democracia, que es en definitiva la construcción entre todos de ese complejo rompecabezas conformado por las diversas visiones que podamos tener de los hechos que van marcando nuestra historia humana.

“El Ciudadano Kane” es un alegato en defensa de “las verdades”, porque muestra la tóxica unión del poder con la “verdad única”. El protagonista Kane quiere imponer su verdad como la única verdad y su objetivo es destruir todas las demás verdades: este proceso de subsunción del hecho a la verdad única se expresa patéticamente en el deseo de Kane de transformar a su mediocre amante en una celebridad de la ópera. Los hechos y “las verdades” se impondrán a la verdad única, destruyendo a la vulnerable corista del film y relegando al propio Kane a la soledad, a la que - a la larga - conduce la verdad única.

Sigue siendo un disfrute seguir reflexionar 80 años después sobre la película de Orson Welles, hoy traída de la mano por otra película que nos invita a pensar sobre la verdad y el poder. 


 

jueves, 26 de noviembre de 2020

Maradona y los pintores del siglo XIX


La muerte de Maradona justifica apartarme por un momento de los temas habituales de este blog, para consignar una breve anécdota 

Año 2000. Dejo atrás el aeropuerto de Capodichino, dirigiéndome en taxi al hotel de Via Caracciolo, la rambla de Nápoles, donde me alojaré. Paso  por delante de un enorme edifico, y en una pared aún es posible leer un graffiti de antigua fecha: “Nápoles  tiene tres cosas: el Sol, el Mar y Mar...adona”.  

El chofer quiere conversar e intento disuadirlo con mis silencios. Pero él gana y cuando se entera que soy de Uruguay, comienza a hablarme de Maradona y resume su conclusión. “Diego fue quien nos regaló dos scudetti ante el Nord... es más napolitano que argentino”. Contesto con poca empatía: “Pero recuerde que Maradona y su droga son un mal ejemplo para los jóvenes”.

El chofer frena bruscamente, se da vuelta y no acepta mi blasfemia: “Avvocato, ¡Maradona es un genio! ¿Entiende? ¡Es un genio!. A los genios hay que respetarles las locuras, porque no se los puede mirar como a cualquiera de nosotros. Maradona es como los pintores franceses del siglo XIX: tiene la locura de la genialidad...”.


lunes, 16 de noviembre de 2020

LA FEMINIZACIÓN DE LOS SERVICIOS FINANCIEROS

Mi ventaja es contar con un equipo genial de colegas más jóvenes que me permiten mantener actualizado en los temas del Derecho del trabajo y las relaciones laborales. En una clase de la semana pasada (por supuesto por zoom), una colega de este grupo interviene y dice al pasar: “... porque la feminización de la banca....”. La intervención me llama la atención, me quedo con la idea - que expresa algo de nuevo para mi - y quiero entender más. Pregunto y otro colega me aporta los datos que necesito y que entiendo vale la pena consignar en este “post”.

Los datos refieren a la actividad financiera y por tal debe entenderse un sector que abarca no solo los bancos (oficiales y privados), sino también empresas financieras y cooperativas, empresas transportadoras, AEBU y demás actividades vinculadas al Grupo, y que son tributaria de la Caja Bancaria. Los datos son elocuentes y - para mi - sorprendentes: En una encuesta realizada a 853 trabajadoras/es del sector, el 58,3% de las contestaciones son de mujeres y el 41,7% de hombres.

A partir de estos datos, hago más preguntas y me llegan rápidos algunos insumos para entender mejor la situación y obtener datos más precisos. Un documento valioso es la Memoria Actuarial 2019 de la Caja de Jubilaciones y Pensiones Bancarias, que reporta un cuadro comparativo por sexo con este interesante resultado:

a) En 2019 en la franja etaria hasta 40 años, más de dos tercios de los afiliados activos del sector son mujeres;

b) En el mismo año y en la franja superior a los 50 años, dos  tercios de los afiliados activos del sector son hombres.

Un ejemplo explica en términos numéricos el cambio: 

en la franja entre 30 y 35 años en diciembre de 2019 había 1847 mujeres y 1010  hombres; 

en elmismo año, en la franja entre 55 y 60 años había 1482 mujeres y 2061 hombres. 

Ello significa ni más ni menos que en los últimos diez/quince años se ha producido un cambio copernicano desde la masculinización a la femenización de la actividad. Lo más importante es que seguramente esta realidad se proyectará con más fuerza hacia el futuro, porque son precisamente las trabajadoras jóvenes que dan vuelta a las estadísticas y todo indica que la tendencia se mantendrá. 

Si bien la expresión “femenización del empleo” está muchas veces vinculada - a partir de los estudio de la socióloga y politóloga alemana Renate Rott - a la condición de mujeres y pobreza y la naturalización de las sobrecargas de trabajo que tiene la mujer, usamos en esta oportunidad la expresión para referirnos a un fenómeno de extremo interés: el crecimiento del empleo femenino en un espacio de empleo decente y - en general - adecuadamente remunerado, que además tiene importancia en decisiones que inciden sobre el consumo, los temas económicos/empresariales, en definitiva el mercado.

Los datos, que confirman un viraje importante en las variables “genero” y “empleo en el sector”, que producen muchas otras preguntas:

¿El sector es consciente de este cambio en la conformación de las plantillas laborales en función de la variable sexo?

¿En que medida estos cambios inciden en los roles gerenciales de las empresas?

¿Existe una equiparación salarial real entre hombres y mujeres en la actividad financiera? 

¿En una actividad de alta educación existen brechas reportadas al género?

¿Cual es la actitud de las mujeres ante la organización sindical?

¿En que médida AEBU recoge el cambio hoy en acto?

Son preguntas que planteo sin tener los conocimientos necesarios para contestarla. Mi deseo es solo visibilizar esta situación y eventualmente promover un debate. 


Para mayores datos sobre la conformación de los trabajadores activos del sector, ver: 

https://www.cjpb.org.uy/wp-content/uploads/repositorio/memoriaBalance/memoria2019-actuarial.pdf


 

lunes, 9 de noviembre de 2020

LA REGULACION DEL TELETRABAJO: EL REVÉS DE LA TRAMA

El teletrabajo está de moda. Usamos y abusamos de este término, cuyo origen ahonda sus raíces en el antiguo vocablo griego "τῆλε" (telé), que dignifica “distancia”, por lo cual el τῆλε-trabajo no es otra cosa que el trabajo a distancia. 
El teletrabajo es la modalidad que nos ha permitido sortear muchas dificultades en la pandemia del COVID 19 y seguir manteniendo en pie la economía y - en nuestro caso - la acción docente. Valoramos en la emergencia sanitaria esta vía inusual que nos ha permitido sortear las dificultades del momento. 
Si bien vengo estudiando el teletrabajo desde hace dos décadas como modalidad atípica del trabajo, la semana pasada tuve la oportunidad de reflexionar más sobre el tema, al preparar una exposición en un curso organizado por el Posgrado de nuestra Facultad de Derecho. La ocasión me obligó a estudiar también el proyecto de ley, ya aprobado por el Senado, y cuya aprobación por la Cámara de Diputados se da por descontada. Recuerdo que el proyecto nació por iniciativa de la senadora Carmen Sanguinetti, fue ajustado en el ámbito del MTSS y luego sufrió otros cambios en la Comisión del Trabajo de la Cámara de Senadores. 
Podría realizarse algún ajuste más (o no) al proyecto, pero en definitiva no tengo especiales reparos sobre el texto. Es más, acepto el hecho de flexibilizar el límite diario de la jornada del teletrabajador, conservando el límite semanal. Me parece que en el Siglo XXI las nuevas modalidades de trabajo deben adaptarse a los  cambios producidos por el impacto de las tecnologías, y la cuestión del horario de trabajo - ligada especialmente al trabajo de la fábrica y la oficina - abre hoy un debate, en el que deberíamos todos intervenir para promover una mejor gobernabilidad de los tiempos de trabajo, como ya ha indicado la OIT en su Declaración del Centenario (2019).
Lo que si es necesario señalar es que la lectura del proyecto de ley aprobado en el senado, nos muestra la trama; lo que no vemos es el revés de la trama.  
El art. 2 expresa: la ley se aplicará  a las  “relaciones laborales que se desempeñen en un régimen de subordinación y dependencia”. El revés de la trama indica por lo tanto que la ley no se aplicará al teletrabajo que se desempeñe en un régimen de autonomía e independencia. 
¿Ello importa? Sí, porque históricamente (por lo menos a partir de los años ’80 del siglo pasado, cuando comienza a expandirse el teletrabajo), esta modalidad de labor se ha desarrollado casi totalmente de manera informal o en forma autónoma e independiente. ¿Por qué? 
La informalidad del sector obedeció tradicionalmente al hecho que el trabajador opera desde su casa, lo cual lo vuelve “invisible” a los controles normales de la Inspección del trabajo o del BPS. En el caso de vínculos contractuales de arrendamiento de servicio, de existir dudas sobre la naturaleza del vínculo, el trabajador corre con la desventaja que los principales indicadores confirman su condición de independiente o autónomo: el lugar de trabajo así como los instrumentos y los costos operativos van de cuenta del trabajador y sabemos que estos son fuertes indicadores de la autonomía. 
Es cierto que la emergencia del COVID 19  ha promovido un teletrabajo diferente: aquél de las personas dependientes de la empresa, que en estas circunstancias excepcionales trabajan desde su casa, conservando su lugar en la planilla de la empresa. Mi preocupación es que “el día después”, muchos empleadores habrán aprendido a trasladar parte de sus actividades extramuros de la empresa, y recordarán precisamente que el teletrabajo puede también realizarse en forma independiente o desde la informalidad, situaciones que reducen sus costos laborales.
Es  por este motivo que alerto sobre el reverso del proyecto de ley de teletrabajo; que excluye toda consideración sobre las tradicionales modalidades del teletrabajo, que se han en gran mayoría desarrollado afuera de la subordinación. 
Si tuviera forma de alertar a los parlamentarios sobre este peligro, señalaría la oportunidad de agregar al proyecto de ley el siguiente artículo: 
“Toda actividad realizada mediante la modalidad de teletrabajo se presumirá subordinada, salvo prueba en contrario del destinatario de los servicios”. 
 

lunes, 26 de octubre de 2020

Vientos de reforma: LA SEGURIDAD SOCIAL: ¿GASTO O INVERSIÓN?

El  3 de noviembre comienza a trabajar la Comisión de 15 expertos designada para estudiar la reforma del sistema de seguridad social. La ocasión invita por lo tanto a reflexionar sobre el valor y el rol del sistema previsional en la comunidad nacional.

Cuando leo sobre números en rojo de la seguridad social, me pregunto si estamos ante un gasto o una inversión. Me dicen, por ejemplo, que el déficit del BPS es en la actualidad de aproximadamente 800 millones de dólares: ¿debo entender entonces que el Estado pierde 800 millones de dólares en el sistema o ejecuta una política de beneficios sociales y de  redistribución de la renta cuya inversión es de 800 millones? 

Mi reflexión apunta a que no es posible medir los gastos de las políticas públicas con la vara de la ganancia o las pérdidas. Si así pensáramos, deberíamos concluir que todo el sistema de educación pública es un enorme agujero deficitario. Sabemos que no es así: invertimos en la educación pública, porque eso es bueno. Podrán decirme que es bueno invertir en jóvenes, porque ellos son el futuro,  y no es necesario invertir en viejos y enfermos. A esa afirmación contesto que la seguridad social no solo busca hacerse cargo de los riesgos de los ciudadanos, sino que tiene un objetivo más amplio, que no siempre se percibe: la paz social. 

Nos acercamos a tiempo de reformas de la seguridad social y es importante por lo tanto definir con que vocación vamos a examinar la cuestión: ¿desde el balance económico o desde el balance social?

Estas preguntas curiosamente se me disparan a partir de un artículo del 20 de octubre pasado, que leí en El Mercurio de Chile. Se titula “El extraño caso chileno” y es escrito por Joaquín García Huidobro, quien se identifica como “columnista político del diario El Mercurio”, por lo cual entiendo que no debe ser la visión de un radical extremista contrario al gobierno. Es notorio que El Mercurio siempre fue un diario de tendencia conservadora.  
 
García Huidobro se hace preguntas, que todos nos hacemos: “¿Qué ha sucedido en Chile? - dice - Hasta hace un año, era un modelo en la región. Había hecho una transición ejemplar a la democracia; apenas tenía inflación; redujo drásticamente la pobreza, y en los últimos años había recibido cientos de miles de inmigrantes (también europeos) que querían aprovechar la bonanza económica y estabilidad política para iniciar una existencia más segura. En octubre del año pasado hubo una acción subversiva muy bien planificada, que en 24 horas dejó inutilizadas 80 de las 136 estaciones del metro de Santiago, y quemó iglesias, supermercados y tiendas, particularmente en barrios populares”.

El columnista político indica - al recordar que los destrozos se repitieron el domingo 18 de octubre pasado en ocasión del aniversario de aquellos disturbios - que esa acción fue concertada por numerosos grupos antisistema. Pero - continua - a esa acción, “se superpuso una masiva protesta social, que no tiene líderes y abarca reivindicaciones muy distintas e incluso contradictorias entre sí. Para algunos se trata de las pensiones, para otros de la salud, los derechos de la mujer o la mala calidad de la educación. La cuestión central ha sido el reclamo en contra de los abusos y la desigualdad. Sobre ambos temas venían advirtiendo desde hacía años algunos intelectuales, tanto en la izquierda como también entre conservadores y socialcristianos, pero no fueron oídos”. Y señala con especial énfasis el caso de la reforma de la seguridad social, concebida en 1980, y que determina que “hoy las personas que se jubilan tienen ingresos muy inferiores a lo previsto y cunde la decepción”.

Vuelvo a formular mi pregunta a la luz del “extraño caso chileno”. ¿La seguridad social es un gasto o una inversión? Y las preguntas siguen: ¿Reducir el gasto en seguridad social o eliminar el deficit de la misma es una buena política de estado? ¿Por qué una sociedad capitalista cuasi-perfecta como la chilena ha estado - y está - en permanente estado de estallido social? 

El periodista del Mercurio nos dice que hay facinoroso detrás de esa revuelta, pero sutilmente también nos recuerda que esa tensión se consolida con la rebelión de los débiles, que son personas comunes de la sociedad civil que han visto disminuidas sus tutelas: jubilados con pensiones en el límite de la pobreza, personas que no pueden acceder a los beneficios del sistema de salud, mala calidad de la enseñanza, el avasallamiento de los derechos de la mujer. En su artículo, el columnista chileno nos recuerda que la desigualdad genera abuso y protestas (que en el caso del país transandino han llegado a estallidos de violencias). Desliza inteligentemente en su artículo la opinión de un político conservador - hoy fallecido -, para destacar que  las consecuencias de la desigualdad no son un tema monopolio de la izquierda: “Sobre ambos temas - dice el comentarista al referirse a los abusos y la desigualdad - venían advirtiendo desde hacía años algunos intelectuales, tanto en la izquierda como también entre conservadores y socialcristianos, pero no fueron oídos. Hace quince años, el historiador Gonzalo Vial (+2009), un conservador, decía que “una crisis social avanza sobre nosotros, y no hacemos nada por remediarla… Ni siquiera nos percatamos de que existe”.

La experiencia chilena actual es aleccionadora: estemos atentos ante decisiones que quieren ajustar los números en rojo de la seguridad social reduciendo beneficios, elevando años de retiro, construyendo promedios reductivos de las prestaciones, jugando en definitiva con los números para reducir el gasto. El fin último de la seguridad social - más allá de los que defendemos su proyecto ético y social - es la paz de una nación, porque ésta se asienta sobre la satisfacción de necesidades mínimas de sus ciudadanos. 

A la pregunta si es necesaria una reforma de la seguridad social, contestamos afirmativamente: pero esa reforma no debe prosperar con el recorte de beneficios, sino con un sistema distinto de financiación que tenga en cuenta las transformaciones del trabajo en los últimos años. Los sistemas de tutela de la seguridad social – para ser eficientes y en condiciones de cubrir las necesidades sociales de las poblaciones – deberán apartarse del módelo bismarckiano, porque son cada vez menos los trabajadores en condiciones de contribuir con sus prestaciones a la seguridad social. 

Deberá “pensarse” un  modelos construido a partir de una base tributaria, que grave la mayor riqueza producida, como contracara a la exclusión que esa misma riqueza genera.. Se indica que las máquinas deberán cotizar a la seguridad social. Ello es por supuesto una expresión ingeniosa, pero la realidad inevitablemente indicará que las empresas que produzcan más riqueza con menos mano de obra, deberán tributar más para compensar el desempleo estructural que producen.

Seguir otro camino, seguir el camino de los recortes de los gastos, puede tener las consecuencias sobre las que alerta el columnista Garcia Huidobro desde el Mercurio de Chile..