miércoles, 3 de junio de 2026

A los 104 años fallece Edgar Morin

El viernes pasado, 29 de mayo, falleció en París el filósofo y sociólogo francés Edgar Morin.

Para los que aprendimos “Relaciones Laborales” – como docentes y como alumnos, hoy egresados y muchos de ellos valiosos docentes -, Edgar Morin fue un referente en la concepción misma de la Licenciatura. Las ideas del filósofo francés - y en especial sus reflexiones sobre “El pensamiento complejo” - fueron centrales en el desarrollo y la consolidación de la ambiciosa meta que fue la nuestra Licenciatura, hoy plenamente consolidada. 

“La realidad es compleja - afirmaba Morin -, los fenómenos son complejos y no se pueden explicar a través de afirmaciones radicales, las que pueden conducir a visiones parcializadas de la realidad”. Eso es precisamente los que ocurre en las relaciones laborales, donde hay que evitar las afirmaciones radicales. “Un pensamiento mutilante - agregaba -  conduce, necesariamente, a acciones mutilantes... La hipersimplificación ciega la complejidad de lo real”.

Lejos de todo dogmatismo, Morin nos invitaba a pensar que esa realidad “compleja” que son en definitiva las relaciones humanas no admite una sola interpretación y es precisamente el debate plural entorno a realidades “difíciles”, lo que alimenta un pensamiento complejo: éste siempre surge de la comunicación, del intercambio, de ajustar las propias ideas con las ideas de los otros. Ante el pensamiento complejo nadie tiene la totalidad de la razón. 

De él recuerdo unas últimas reflexiones que comentó hace cinco años (eran tiempos de pandemia, comenzaba a avanzar la Inteligencia Artificial  y él ya tenia 99 años!) y que consigné en este blog:

“... Me sorprendió la pandemia, pero en mi vida estoy acostumbrado a ver suceder lo inesperado. La llegada de Hitler fue inesperada para todos. El pacto germano-soviético fue inesperado e increíble.

El inicio de la guerra de Argelia fue inesperado. Solo viví para lo inesperado y la costumbre de las crisis. En este sentido, estoy viviendo una nueva y enorme crisis que tiene todas las características de la crisis. Es decir, despierta por un lado la imaginación creativa y despierta miedos y regresiones mentales. Todos buscamos la salvación providencial, pero no sabemos cómo.

La crisis nos está volviendo más locos y sabios. Una cosa y otra. La mayoría de las personas pierden la cabeza y otras se vuelven más lúcidas. La crisis favorece a las fuerzas más opuestas. Ya sean las fuerzas creativas, las fuerzas lúcidas y las que buscan un nuevo camino, las que son imprescindibles, aunque todavía estén muy dispersas y débiles. Puede que estemos indignados con razón, pero no debemos dejarnos llevar por la indignación.

Hoy vemos cómo se arraigan los elementos del totalitarismo. No tiene nada que ver con el siglo pasado. Pero tenemos todos los medios para monitorear: drones, teléfonos celulares, reconocimiento facial. Existen todos los medios para crear un totalitarismo de vigilancia. El problema es evitar que estos elementos se unan para crear para nosotros una sociedad totalitaria e inhabitable.

En vísperas de mi centésimo cumpleaños, ¿qué puedo desear? - concluía - Quiero fuerza, coraje y claridad. Debemos vivir en pequeños oasis de vida y hermandad...".

Así me gusta recordarlo con la firmeza y algo de humor que siempre lo acompañaron. Gracias, Edgar, por haber tanto influido (seguramente sin saberlo) en nuestra carrera tan lejos de tu París natal. Hoy desde la distancia te recordamos con profundo respeto  y afecto.